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Adónde va el condensado

Adónde va el condensado
Imagen generada digitalmente para esta guía.

La caldera de condensación trajo a la instalación un componente que ninguna caldera anterior tenía: una tubería de descarga de líquido.

No es un accesorio ni una mejora opcional. Es parte del principio de funcionamiento del equipo, tanto como el conducto de humos. Y sin embargo, cuando uno busca qué hacer con ese líquido, se encuentra con algo raro: el manual del fabricante explica con detalle de qué material tiene que ser el conducto, con qué pendiente, con qué diámetro y por qué el sifón es obligatorio.

Ninguno dice adónde va.

Tampoco lo dice la norma argentina. Hay reglamentación técnica sobre lo que pasa dentro del equipo y hasta la boca de salida, y de ahí en adelante no hay nada. El destino final de esa descarga es hoy, literalmente, criterio del que instala.

Esta guía es sobre ese tramo sin norma.

Qué es ese líquido

Al quemar gas no se produce solamente dióxido de carbono. También se produce vapor de agua, y bastante. Ese vapor sale caliente junto con el resto de los gases de la combustión.

En una caldera convencional se va entero por el conducto de humos, y se lleva consigo el calor que hizo falta para evaporarlo. Ese calor no es un detalle: son 540 kilocalorías por cada litro de agua.

La caldera de condensación está construida para recuperarlo. El líquido que sale por la tubería de descarga es ese vapor vuelto agua.

Por qué la caldera lo produce a propósito

El mecanismo es más simple de lo que parece, y conviene tenerlo claro porque explica todo lo demás.

El agua de retorno, la que vuelve fría de los radiadores o del piso, pasa por la parte trasera del intercambiador. Esa superficie queda más fría que los gases de la combustión. El vapor la toca, condensa sobre ella —igual que se empaña un vidrio— y al condensar libera el calor que traía guardado.

Ese calor no se pierde: calienta el agua de retorno. El agua llega al quemador ya precalentada, y el quemador necesita menos gas para llevarla a temperatura de trabajo. Muchos equipos suman un segundo aprovechamiento y precalientan también el aire de combustión con lo que queda de calor en los humos.

De ahí sale una condición que suele repetirse sin explicarse: la caldera de condensación necesita retorno frío, y no es un capricho comercial. El retorno es lo que enfría los gases. Si el agua vuelve caliente —como ocurre en una instalación de radiadores trabajando a 70 u 80 °C— la superficie del intercambiador nunca baja lo suficiente, el vapor no condensa y el equipo no recupera nada. Sigue funcionando, pero como una caldera común y cara.

Cómo se verifica en obra

El vapor de los humos empieza a condensar alrededor de los 55 °C, así que un retorno por debajo de 50 °C deja margen suficiente. Por eso el piso radiante y la condensación se llevan bien: el piso devuelve el agua justo en ese rango.

Y hay una forma directa de comprobar si el equipo está condensando, sin instrumental fino: la temperatura de salida de los gases. En una caldera convencional los humos salen muy calientes —del orden de 150 a 250 °C, según el tipo y la antigüedad del equipo—. En una de condensación trabajando como corresponde salen entre 40 y 60 °C, apenas unos grados por encima del retorno. Humos calientes en una caldera de condensación significan que no está condensando.

Poder calorífico: los dos números y por qué existen

Acá hay un par de términos que aparecen en toda ficha técnica y que conviene tener claros, porque de ellos sale el famoso rendimiento de más del 100%.

Cuando se quema un combustible, una parte de la energía que libera queda retenida en el vapor de agua que la propia combustión produce. Si ese vapor se escapa por la chimenea, esa energía se va con él. De ahí salen dos formas distintas de medir cuánta energía tiene un combustible:

  • Poder calorífico inferior: la energía que entrega el combustible sin contar la que se lleva el vapor de agua. Es la vara que se usó siempre, y por un motivo razonable: durante décadas esa energía no se podía aprovechar, así que medirla no tenía sentido práctico.
  • Poder calorífico superior: la energía total, incluyendo la del vapor.

En gas natural, la diferencia entre uno y otro es de alrededor del 11%. En propano es del 9%. Y en gasoil, apenas del 2% — por eso la condensación es, sobre todo, tecnología de gas.

Ahora se entiende el número raro. Como el rendimiento se calcula históricamente contra el poder calorífico inferior, y la caldera de condensación recupera parte de lo que esa vara no contaba, el resultado se pasa de 100 sin violar nada. Medida contra el poder calorífico superior, la misma caldera da alrededor de 98%. No sobra energía: cambió la referencia.

Los fabricantes lo declaran en dos condiciones de trabajo y la diferencia se ve sola. Una misma caldera puede dar 98,8% impulsando a 80 °C con retorno a 60, y pasar de 105% impulsando a 50 con retorno a 30. El equipo es el mismo. Lo que cambia es si condensa o no.

Por qué esto no se pudo hacer antes

Ese calor estuvo siempre ahí y siempre se supo cómo recuperarlo: enfriar los humos hasta que el vapor condense. No hacía falta descubrir nada.

El problema era qué hacer con lo que quedaba.

Los intercambiadores de las calderas convencionales fueron durante mucho tiempo de cobre, que es un conductor térmico excelente y trabaja muy bien mientras los humos se mantengan calientes y secos. Enfriarlos hasta el punto de rocío significaba formar ácido adentro del equipo, y ahí el cobre no tiene nada que hacer.

Lo que destrabó la tecnología no fue una idea: fue un material. Los intercambiadores de las calderas de condensación son de aceros inoxidables especiales, elegidos específicamente para resistir la acidez del condensado. El resto del diseño cambió en consecuencia: el quemador pasó a ser cilíndrico de premezcla, el ventilador dejó de ser un extractor y pasó a mezclar aire y gas, y el intercambiador creció en superficie para poder enfriar los humos todo lo posible.

Este es el argumento central de la guía: hizo falta rediseñar la caldera con materiales especiales para poder tener ese líquido adentro sin que se coma el equipo.

Es el mismo líquido que se descarga por la tubería.

Por qué no es lo mismo que el condensado de un equipo de aire acondicionado

La comparación aparece sola, porque los dos equipos condensan humedad y los dos descargan un líquido transparente. Pero vienen de lugares distintos y eso cambia todo.

El agua que descarga un equipo de aire acondicionado es humedad del ambiente condensada sobre el evaporador frío. Trae poco: algo de dióxido de carbono del aire disuelto, que la deja apenas ácida, y muy pocas sales.

El condensado de la caldera no viene del aire de la casa. Viene de la combustión, y arrastra lo que había en esos gases.

Equipo de aire acondicionado Caldera de condensación
De dónde sale Humedad del aire del ambiente Vapor de agua de los gases de combustión
pH 5,0 a 6,5 2,9 a 4
Qué lleva disuelto CO₂ del aire, sales en cantidad muy baja Ácidos carbónico, nítrico, nitroso, sulfúrico, sulfuroso y clorhídrico

Los dos valores de pH parecen cercanos. No lo son.

La escala de pH es logarítmica: cada punto que baja no es “un poco más ácido”, es diez veces más ácido. Entre una descarga y la otra hay, según los extremos que se tomen, entre cien y mil veces más acidez.

De dónde salen esos ácidos

El que más pesa en gas natural es el ácido carbónico, y no por casualidad: el dióxido de carbono del aire que respiramos anda por el 0,04%, mientras que en los gases de combustión aparece concentradísimo. El mismo mecanismo que apenas acidifica la descarga de un equipo de aire, acá trabaja con una carga muchísimo mayor.

Al carbónico se le suman los óxidos de nitrógeno, que dan ácido nítrico y nitroso, y el azufre presente en el combustible, que da sulfúrico y sulfuroso. En gas natural el azufre es la porción menor. En gasoil es protagonista.

Cuánto se produce

El volumen es mayor de lo que sugiere el diámetro del conducto.

Una caldera produce alrededor de 0,14 litros de condensado por cada kW de potencia y por hora de funcionamiento en condensación plena.

Litros por hora a plena carga estimación a 0,14 L/kW·h
  • Caldera de 10 kW1,4 L/h
  • Caldera de 24 kW3,4 L/h
  • Caldera de 35 kW4,9 L/h

Una caldera de 24 kW trabajando fuerte una noche de invierno descarga varios litros. Todas las noches, todo el invierno, todos los inviernos, en el mismo punto.

Cuánto tarda en ser un problema

Esta es la pregunta que decide si el asunto importa de verdad, y tiene respuesta. Pero antes hay que ubicar dónde aplica, porque buena parte de lo que se lee sobre esto viene de países donde los desagües domiciliarios son de hierro fundido.

Acá no. En la Argentina los desagües cloacales y pluviales son de plástico desde hace muchísimo, y el plástico con este líquido no tiene ningún problema. Así que el riesgo de corrosión no está donde lo ubicaría un manual importado. Está en tres lugares concretos:

  1. El tramo de descarga que arma el instalador, entre el equipo y el desagüe. Ese sí se elige, y por eso el manual se toma el trabajo de prohibir el metal expresamente.
  2. Las viviendas antiguas que todavía conservan hierro fundido en servicio.
  3. Las cámaras de inspección y los pozos, que en general siguen siendo de hormigón o mampostería.

Donde hay metal, el umbral está en pH 4: por encima de ese valor, el óxido que se forma sobre la superficie alcanza a protegerla; por debajo, esa capa protectora se disuelve y la corrosión deja de frenarse sola. El condensado sale entre 2,9 y 4: siempre del lado equivocado.

Sobre hierro y acero sin tratar, el deterioro documentado sigue este orden:

Tiempo de servicio Qué está pasando
1 a 6 meses Se pierde la capa superficial y arranca el óxido
6 a 24 meses Aparecen picaduras y un adelgazamiento leve de la pared
2 a 5 años Las picaduras superan el medio milímetro de profundidad
5 años en adelante Riesgo de perforación, sobre todo en puntos bajos y sifones
Cañería metálica exterior con corrosión avanzada: óxido, picaduras en la superficie y depósitos blanquecinos alrededor de la abrazadera de sujeción
El deterioro del metal no avisa el primer año. Cuando se ve, lleva años trabajando.

Lo que hace difícil este problema es que el reloj no coincide con la memoria de nadie.

El primer año no pasa nada visible. Cuando el daño aparece —a los cuatro, cinco, seis años— ya nadie ata la causa con el efecto. Si una cámara de hormigón o un tramo viejo de hierro empieza a fallar, la conversación va a ser sobre la antigüedad de la instalación, no sobre el equipo que se puso hace un lustro.

La garantía venció. Y el mecanismo siguió trabajando todos los inviernos sin que nadie lo mirara.

Para dimensionarlo: el hierro fundido es alrededor de diez veces más vulnerable a la corrosión que el cobre, y a valores de pH todavía moderados las picaduras avanzan lo suficiente como para comprometer entre un 20 y un 30% del espesor de pared en diez años. Con un pH más bajo, más rápido.

Cómo se ve cuando ya pasó

Los instaladores españoles de Navarro Hermanos publicaron un video de treinta segundos que muestra el resultado sobre una tubería de cobre usada para conducir condensado. Se titula, sin vueltas, "Nunca conectes un desagüe de condensados de una caldera directamente a un tubo de metal".

Vale la pena verlo antes de decidir con qué se arma ese tramo: ver el video en YouTube.

El hormigón tampoco es indiferente: bajo ataque ácido sostenido se degrada en el orden de décimas de milímetro por año. Es lento, pero no es cero, y una cámara está pensada para durar décadas.

Lo que exige la norma argentina

Acá no estamos en terreno de recomendación importada: hay norma nacional vigente y es clara sobre el equipo.

La NAG-311, Año 2025, aprobada por la Resolución ENARGAS 500/2025 —que reemplazó a la versión de 1995—, regula las calderas de calefacción central a gas de hasta 175 kW. Su Parte 1 dedica el apartado 5.4.13 a las calderas de baja temperatura y de condensación.

5.4.13.1, materiales en contacto con condensado. Todas las partes del intercambiador y del resto del equipo que puedan entrar en contacto con el condensado deben estar construidas con materiales “suficientemente resistentes a la corrosión” o protegidos con un recubrimiento adecuado.

5.4.13.2, descarga de los condensados. El sistema de descarga debe ser “de material resistente a la corrosión o recubierto de una protección duradera contra la corrosión”. Si la eliminación es por gravedad, el diámetro interior de la conexión debe ser como mínimo de 13 mm. Tiene que poder inspeccionarse y limpiarse fácilmente, y no dejar pasar productos de la combustión al ambiente donde está instalado el equipo — requisito que se considera cumplido si incorpora una trampa de agua, que es el sifón.

8.15, formación de condensado. Este es el apartado que más lejos llega:

El condensado solo se debe formar en los puntos destinados para este propósito y debe ser rápidamente drenado. El condensado no debe encontrar su camino en partes de la caldera que no están destinadas para la formación, acumulación y descarga del condensado, ni puede el condensado causar molestias al funcionamiento, la caldera y el entorno.

Esa última palabra —el entorno— es lo más cerca que la norma llega del destino final.

Apartado 10, marcado e instrucciones. El fabricante está obligado a incluir “la referencia a las normas nacionales y/o locales para la descarga de condensados, en particular, las instrucciones para la instalación de caldera de baja temperatura o caldera de condensación donde sea necesario un sistema de neutralización del condensado”.

La norma argentina nombra el sistema de neutralización. Sabe que existe y manda al fabricante a explicarlo cuando corresponda.

Lo que dicen los manuales

Los equipos que se comercializan en el país traen instrucciones concretas, y son más específicas que la norma.

Equipo Qué indica sobre la descarga
Peisa Summa Condens “El material de la tubería o cañería debe ser resistente a los productos de condensado por Ej. PVC, PVC-U, ABS, PVC-C o PP.” Y en la línea siguiente: “Las tuberías o cañerías metálicas NO son adecuadas para las de descarga de condensado.” Pendiente mayor al 3%, conducto estanco sin estrangulamientos, la menor cantidad posible de codos, salida siempre hacia abajo, y todo tramo exterior o en ambiente sin calefacción aislado contra las heladas.
Peisa Optima Condens “El sifón de descarga de condensados es un componente esencial del sistema de combustión de la caldera. Su uso es obligatorio.”
Baxi Duotec “Conectar el sifón a un registro de descarga, asegurando una pendiente continua. Se deben evitar los tramos horizontales.” Más la advertencia sobre formación de hielo en el sifón si el equipo queda en ambiente bajo 0 °C.

Hay dos cosas para sacar de ese cuadro.

La primera: el fabricante está diciendo, en letra chica, que ese líquido ataca el metal. No lo dice con esas palabras — dice que las cañerías metálicas no son adecuadas. Es la misma información por otra vía. Si no sirve una tubería de cobre para conducirlo, algo tiene ese líquido.

La segunda: los tres explican cómo, ninguno dice dónde.

El tramo sin norma

Los manuales dan el material, la pendiente, el diámetro, el sifón, la prohibición del metal, la aislación contra heladas y la advertencia de que la salida no se bloquea nunca. Del punto de descarga en adelante, silencio.

Y buscando del otro lado el resultado es el mismo. No hay en la Argentina una norma pública que fije adónde se descarga el condensado de una caldera doméstica, ni un límite de pH específico para ese vuelco, ni un umbral de potencia a partir del cual haya que neutralizarlo. Hay norma técnica de ENARGAS sobre lo que ocurre dentro del equipo y hasta la boca de descarga. Hay material de las prestadoras sobre qué tipo de efluentes admite la red cloacal. En el medio queda un tramo sin cubrir.

Por qué esto importa más de lo que parece

Cuando una tarea está reglada, alcanza con cumplir: la norma dice qué hacer y respalda a quien la sigue. Cuando no lo está, la definición queda del lado del que instala, y con ella la responsabilidad.

Este es un componente nuevo en la instalación. No había que decidir esto hace quince años, porque no existía. Es tecnología reciente resolviéndose sin reglamentación que la acompañe.

Entonces, adónde va

Con lo que hay disponible, esto es lo que se sostiene técnicamente.

Al sistema de desagote de la vivienda, que es lo razonable, y acá jugamos con ventaja. En la Argentina los desagües son de plástico desde hace mucho —PVC, PVC-U, ABS, PVC-C o PP, justamente los materiales que nombra el manual—, y el plástico es indiferente a este líquido. Sumado a que ahí el condensado se diluye en el resto del agua de la vivienda, es el destino que resuelve el problema sin agregar nada al presupuesto.

Con dos cosas para verificar antes: que la vivienda no conserve hierro fundido en servicio, y adónde termina ese desagüe. Si no hay cloaca y la descarga va a un pozo o a una cámara de hormigón, el material vuelve a importar.

Al terreno, no. No porque esté prohibido —no lo está—, sino porque son litros diarios de un líquido con pH cercano a 3 cayendo siempre en el mismo punto. El suelo tiene capacidad de amortiguar acidez, pero es finita y local. Y la propia NAG-311 pide que el condensado no cause molestias al entorno.

Con neutralizador, cuando corresponde. Vale la pena entender qué es, porque no es un filtro.

Qué es y cómo funciona un neutralizador

Adentro hay piedra caliza — carbonato de calcio, en granulado o en piedras, dentro de un recipiente que se instala en línea con la tubería de descarga. Muchos le suman óxido de magnesio, que reacciona más lento pero tiene una virtud: no puede subir el pH por encima de 7, así que no hay forma de que el remedio devuelva un efluente alcalino.

El condensado pasa entre las piedras, el carbonato reacciona con los ácidos y de ahí salen sales de calcio, dióxido de carbono y agua. Lo que entró con pH 3 sale en el rango de 5 a 9,5, donde ya no ataca nada. De paso retiene nitratos, sulfatos y óxidos metálicos.

Y se agota, que es lo que más se pasa por alto. La piedra no desaparece: se pasiva. La superficie se va cubriendo con las sales que la propia reacción precipita, y esa costra la aísla del líquido. La piedra sigue ahí y ya no neutraliza. Por eso se repone la carga, y por eso la NAG-311 obliga al fabricante a incluir las instrucciones de limpieza y servicio de ese sistema.

Se dimensiona por caudal: la unidad tiene que igualar o superar lo que produce el equipo. Si queda chica, el líquido pasa demasiado rápido, no hay tiempo de contacto suficiente y sale ácido igual.

Y el sifón, que no se improvisa ni se arma: viene con el equipo. El manual de la Optima Condens lo lista entre los componentes del embalaje, junto con la plantilla de instalación y la ménsula de fijación, y el del Duotec habla directamente de “conectar el sifón”. Es una pieza de fábrica, dimensionada para esa caldera, y el trabajo del instalador es montarla y conectarla como corresponde.

Vale la pena entender qué hace, porque explica por qué el fabricante la declara obligatoria: es lo único que impide que los gases de combustión entren al ambiente por el conducto del condensado. La columna de agua que queda retenida adentro hace de tapón. Por eso se llena con agua antes del primer encendido, y por eso la norma acepta el requisito de estanqueidad por la sola presencia de una trampa de agua.

Un sifón seco es un paso abierto entre la cámara de combustión y la vivienda.

Lo que queda

La caldera de condensación no es más eficiente por marketing. Recupera calor que las otras dejan ir, y el precio de esa recuperación es un residuo líquido que las otras no producían. Tanto es así que durante décadas la tecnología no se pudo aplicar justamente por eso: no había con qué contenerlo.

Dentro del equipo ese líquido está contemplado hasta el último detalle. Hay aceros especiales elegidos para resistirlo, un sifón obligatorio y una norma que define de qué material tiene que ser cada cosa que lo toca.

Del punto de descarga en adelante no hay nada de eso. Y el daño, cuando llega, llega tarde y sin remitente.

La diferencia entre definir el destino y dejarlo librado al azar no es conocimiento técnico avanzado. Es saber que ahí hay una decisión que tomar.

Fuentes

  • ENARGAS, NAG-311 Año 2025, Parte 1Calderas de calefacción central y adicionalmente otros usos que utilizan combustibles gaseosos hasta una potencia consumida de 175 kW. Apartados 5.4.13.1, 5.4.13.2, 8.15 y 10. Aprobada por RESOL-2025-500, reemplaza la versión de 1995. enargas.gov.ar
  • PEISACaldera Mural Summa Condens. Manual de instalación, uso y mantenimiento, sección “Descarga del agua de condensado”.
  • PEISACaldera Optima Condens. Manual de instalación, uso y mantenimiento.
  • BAXICaldera mural de gas de condensación Duotec. Manual de instalación. Importa Triangular S.A.
  • Instalaciones Navarro HermanosNunca conectes un desagüe de condensados de una caldera directamente a un tubo de metal. youtube.com
  • Valores de pH y composición del condensado, cronología de deterioro del hierro y el acero en condensado sin tratar, y composición y funcionamiento de los sistemas de neutralización, según literatura técnica del sector.
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