Seguridad

Lo que te lastima no es la caldera

Lo que te lastima no es la caldera
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Hacé dos listas.

En la primera, todo lo que tocás en una instalación de calefacción por agua en una casa: la caldera mural, el colector, los radiadores o el piso radiante, el PEX de Rehau, Giacomini, Baxi o Peisa, el polipropileno de H3, Dema o Polimex, la termofusora, la amoladora, el nivel, la escalera.

En la segunda, todo lo que te puede mandar a tu casa lastimado.

No se parecen. En la segunda lista casi no hay calefacción. Hay una escalera mal apoyada, un radiador levantado con la espalda, seis horas de rodillas tendiendo caño, una amoladora que mordió, una matriz de termofusora a doscientos sesenta grados apoyada donde no correspondía, y un techo al que subiste treinta segundos.

Todo el material de seguridad que circula en calefacción habla de explosiones, fugas y monóxido. Está bien que exista, pero le habla al riesgo del que va a vivir en la casa. El tuyo es otro, es mucho más frecuente y casi nadie lo escribe: en este trabajo el equipo no te lastima. Te lastima el camino hasta el equipo.

Esta guía va por ese camino, en el orden en que lo recorrés: lo que te ponés antes de entrar, la obra que te toca, el peso, la postura, la herramienta, la escalera y el techo. De cada cosa: qué exige la normativa argentina —con el texto enlazado— y dónde termina la norma y empezás vos.

Pero antes conviene ver los números, porque no dicen lo que uno espera.

Lo que pasa de verdad, según los que lo cuentan

La Superintendencia de Riesgos del Trabajo publica cada trimestre cómo ocurrieron los accidentes denunciados en todo el país. Estos son los del primer trimestre de 2026, sobre 113.774 casos notificados en el sistema entero:

Casos según forma de ocurrencia enero a marzo de 2026
  • Otras formas de accidente27,5%
  • Caídas de personas24,2%
  • Pisadas, choques o golpes con objetos21,1%
  • Esfuerzos excesivos9,7%
  • Sin datos5,6%
  • Atrapamiento por o entre objetos4,0%
  • Caídas de objetos3,3%
  • Sustancias nocivas o radiaciones3,0%
  • Temperaturas extremas1,3%
  • Corriente eléctrica0,3%

Mirá la última línea y después mirá la segunda.

Caídas de personas: 27.488 casos. Contacto con la corriente eléctrica: 339. Por cada trabajador que se accidentó con la electricidad hubo ochenta y uno que se cayeron, y treinta y tres que se lastimaron haciendo fuerza.

Y sin embargo, si le preguntás a cualquiera en una obra qué es lo peligroso, te va a nombrar la electricidad. Nadie te va a decir “levantar mal un radiador”.

Sumadas, caídas de personas, golpes contra objetos y esfuerzos excesivos son el 55% de todos los casos del país — y eso contando dentro del total una categoría de “otras formas” y otra de “sin datos” que juntas se llevan otro tercio.

Y en construcción, todavía más

Los datos por rama son más difíciles de conseguir, pero la Fundación UOCRA publicó el desagregado de la SRT para la Construcción: pisadas, choques o golpes por objetos 30,2%, caídas de personas 18,4% y esfuerzos excesivos 17,1%. Las mismas tres formas, pero concentrando el 65,7% de los casos del sector, contra el 55% del promedio nacional. Y la corriente eléctrica, otra vez abajo de todo: 0,4%.

⚠ Ese desagregado corresponde al año 2011, que es el último con esa apertura publicada por el sector; los datos generales de arriba son de 2026. Se citan los dos por separado a propósito, sin mezclarlos.

Para dimensionar el sector: en el primer trimestre de 2026 la construcción notificó 9.053 casos, el 8,0% de todo el sistema — con muchísimos menos trabajadores cubiertos que la administración pública o la industria, que están arriba en esa lista.

Lo que estos números te están diciendo

Que el accidente típico de una obra no es espectacular. No es el chispazo ni la explosión. Es un tipo que se cayó, uno que se golpeó contra algo y uno que hizo fuerza mal.

Tres cosas aburridas, sin épica ninguna, que explican más de la mitad de todo lo que pasa. Y las tres se previenen con lo que sigue.

1. Lo que te ponés antes de entrar

Empecemos por lo más barato de resolver y lo que más se saltea.

La ropa

El Decreto 911/96, que es el reglamento de higiene y seguridad para la industria de la construcción, dice en su artículo 103 que la vestimenta

Ajustará bien el cuerpo del trabajador sin perjuicio de su comodidad y facilidad de movimiento. Las mangas serán cortas o, en su defecto, ajustarán adecuadamente.

Leído rápido parece una obviedad de manual. Leído con la amoladora en la mano no lo es: la manga suelta es lo que engancha en lo que gira, y cuando engancha no tenés tiempo de soltar nada. Lo mismo la campera abierta, el buzo largo, el cordón del delantal.

Ahora, acá hay algo que ninguna lista de seguridad te dice y que en este trabajo importa: la regla de la ropa no es una sola, porque depende de la tarea.

  • En la amoladora y la agujereadora, manga corta o bien ajustada. Nada que cuelgue.
  • En la termofusora, exactamente al revés: manga larga y guante de calor, porque lo que te amenaza no es el enganche sino el contacto con la matriz.

Son dos respuestas opuestas y las dos son correctas. Lo que no cambia es el criterio del que salen: la ropa se elige por lo que va a hacer la tarea de las próximas dos horas, no por lo que había limpio a la mañana. El que se cambia según lo que va a hacer trabaja mejor; el que se pone una sola cosa para todo el día está eligiendo por comodidad y no por criterio.

El calzado

El calzado de seguridad en la Argentina responde a la norma IRAM 3610, que fija los requisitos y ensayos. La puntera protege contra impactos de hasta 200 joules y compresión de hasta 1.500 kg. Existe además la IRAM 3703, específica de calzado de seguridad para construcción.

Traducido a tu trabajo: lo que se te puede caer en el pie en una instalación de calefacción no es un destornillador. Es un radiador, una caldera, una llave Stillson, un tramo de caño. Todo pesado, todo con esquina, y casi siempre a la altura del pie porque está en el piso esperando que lo montes.

Y no es solo la puntera. Es la suela: en una obra en construcción el piso tiene recortes de hierro, clavos, escombro suelto y humedad. La zapatilla no tiene nada que hacer ahí.

El casco, que es el que más se desestima

Al casco hay que dedicarle una sección aparte, porque es el elemento que más se subestima y porque alrededor de él hay una confusión que conviene deshacer.

Primero, lo que dice la norma, que no admite matices. El artículo 107 del Decreto 911/96 obliga a proveer casco de seguridad a

todo trabajador que desarrolle sus tareas en obras de construcción o en dependencias cuya actividad suponga riesgos específicos de accidentes.

No distingue por tamaño de obra. No dice “en obras de más de tantos metros”, no dice “cuando haya varios rubros”. Dice obras de construcción. Una casa chica es una obra de construcción.

Ahora, lo que pasa en la realidad es otra cosa, y sería deshonesto no decirlo: en la obra chica muchos no lo usan, y en la obra mediana y grande lo usa todo el mundo sin discutirlo. Eso es un hecho de la industria, no una interpretación de la norma. Y lo que importa es entender bien de dónde sale esa diferencia, porque el motivo no es el que uno supondría.

El riesgo del casco no lo generás vos. Instalando calefacción no te tirás nada en la cabeza: te lo tiran el que trabaja en la planta de arriba, el que sube material, el que pica un techo, el que arma encofrado sobre tu vertical. Por eso el peligro efectivamente crece cuando crecen los rubros trabajando al mismo tiempo, que es lo que pasa en una casa de más de una planta, en un dúplex o en un edificio.

Pero —y acá está el punto— en la obra grande no se usa el casco porque el riesgo aparezca. Se usa porque en la obra grande hay alguien cuyo trabajo es que vos lo tengas puesto.

Eso también está en la normativa, y vale la pena saber qué hay del otro lado cuando entrás a una obra de cierto porte:

  • Servicio de Higiene y Seguridad. Los artículos 15 a 17 del Decreto 911/96 lo exigen dirigido por graduados universitarios —ingenieros laborales, licenciados en Higiene y Seguridad— o por Técnicos en Higiene y Seguridad reconocidos por la Resolución MTSS 313/83, con una carga de horas mensuales que depende de la cantidad de trabajadores. Ese es el técnico que supervisa y capacita.
  • Aviso de obra y ART. La Resolución SRT 51/97 obliga al empleador de la construcción a avisarle a su ART, con cinco días hábiles de anticipación, la fecha de inicio de todo trabajo.
  • Programa de Seguridad. La misma resolución exige elaborarlo e integrarlo al Legajo Técnico (Resolución SRT 231/96) para las obras que superan ciertos umbrales —entre ellos más de 1.000 m² o más de 4 metros de altura—, y para excavaciones, demoliciones y trabajos cerca de líneas energizadas.
  • Coordinación entre contratistas. Cuando hay varios contratistas y subcontratistas, las Resoluciones SRT 51/97 y 35/98 obligan a coordinar las acciones de seguridad bajo un programa único, y el servicio de prevención de la ART del contratista principal controla su cumplimiento. Si entrás a una obra grande como subcontratista de calefacción, ese sos vos.
La conclusión, que es al revés de la costumbre

La diferencia entre la obra grande y la obra chica no es de norma ni de riesgo: es de quién te lo recuerda. En la grande hay un técnico, una ART avisada, un programa escrito y alguien controlando. En la casa de una planta no hay nada de eso.

Es decir: en la obra donde estás más solo es donde menos probable es que alguien te lo haga cumplir — y también donde, si algo se cae, no hay nadie para levantarte.

Con eso, la pregunta práctica deja de ser “¿esta obra es de las que piden casco?” y pasa a ser “¿hay alguien trabajando arriba mío?”. Se responde el primer día, mirando, y la respuesta vale para toda tu permanencia ahí.

Lo demás

Antiparras cuando hay proyección —amoladora, agujereadora, corte—, que el artículo 108 ordena elegir según el riesgo de cada tarea, y protección auditiva cuando el ruido es sostenido.

2. La obra donde entrás no es tuya

Este punto se subestima porque parece de otro. No lo es.

El artículo 46 del Decreto 911/96 obliga a mantener el orden y la limpieza en toda la obra, disponiendo materiales, herramientas y desechos de modo que no obstruyan los lugares de trabajo y de paso, y agrega:

Deben eliminarse o protegerse todos aquellos elementos punzo-cortantes como hierros, clavos, etc., que signifiquen riesgo para la seguridad de los trabajadores.

Formalmente esa obligación es de quien conduce la obra. Prácticamente, el que se clava el hierro sos vos, y llegás cuando el desorden ya está hecho. Hay dos cosas que sí controlás:

La primera es tu propio metro cuadrado. Los recortes de PEX, las virutas de la amoladora, el rollo tendido en medio del paso, la caja de herramientas abierta en el piso, la prolongación cruzando la puerta. Eso es tuyo y se ordena sobre la marcha, no al final.

La segunda es decirlo. Si el lugar por donde tenés que pasar cargando un radiador está lleno de escombro, eso no es una molestia: es la causa del accidente que todavía no pasó. Pedirlo antes de empezar es parte del trabajo, y además es mucho más fácil que pedirlo después.

3. El peso: el radiador no tiene manija

Acá la normativa argentina es más útil de lo que uno espera, pero no por el número que todo el mundo cita.

La Resolución 295/2003, en su Anexo I, fija las especificaciones sobre ergonomía y levantamiento manual de cargas. El dato que se repite es el tope de transporte manual: 50 kg hasta 10 metros, y pasado cualquiera de esos dos límites es obligatorio usar elementos auxiliares.

Pero el número solo no sirve de mucho, porque un radiador rara vez llega a 50 kg y sin embargo la espalda se rompe igual. Lo verdaderamente útil está unas líneas más abajo, donde la norma enumera las condiciones que obligan a bajar el límite. Leelas pensando en un día tuyo cualquiera:

Lo que dice la norma Cómo se llama en tu obra
“Postura agachada obligada del cuerpo, como el levantamiento cuando se está sentado o arrodillado Tender piso radiante
Sujeción deficiente de las manos: falta de mangos o asas, ausencia de relieves u otros puntos de agarre” Un radiador. Una caldera. Un rollo de caño
Inestabilidad de los pies Contrapiso, escombro, obra en construcción
“Levantamiento con una sola mano” Sostener con una y atornillar con la otra
Instalador inclinado hacia adelante, con la espalda casi horizontal, sosteniendo con las dos manos un radiador de aluminio por elementos mientras lo calza contra la pared

Acá está la fila de arriba de la tabla, en una sola imagen: no hay por dónde agarrarlo. Las manos van donde entran, no donde conviene.

Y mirá la espalda. El peso no está sobre las piernas: está colgando de la cintura, que es la articulación que después no se recupera.

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Y después están las dos notas que valen por toda la sección:

Las tareas de levantamiento manual de cargas no deben iniciarse a una distancia horizontal que sea mayor de 80 cm desde el punto medio entre los tobillos.

Las tareas de levantamiento manual de cargas de rutina no deben realizarse desde alturas de partida superiores a 30 cm por encima del hombro o superiores a 180 cm por encima del nivel del suelo.

Ahora pensá en colgar una caldera mural. El peso sale del piso, va lejos del cuerpo porque el equipo tiene fondo, y termina por encima del hombro contra la pared. Es, punto por punto, la descripción de lo que las dos notas dicen que no se haga.

Lo que se desprende, en criterio
Ninguna de esas dos notas dice "no lo hagas". Dicen que esa maniobra está fuera de lo que un cuerpo aguanta como rutina. La conclusión práctica no es dejar de colgar calderas: es no colgarla solo, apoyarla en algo a media altura antes del tramo final, y no repetir la maniobra completa cuatro veces en el día porque el soporte quedó torcido.

Y una cosa más, que es de las que solo se aprenden a golpes: lo que rompe la espalda no suele ser el radiador. Es el movimiento distraído, con el peso ya encima, para esquivar algo que estaba en el piso. Por eso el punto 2 va antes que este.

4. Las horas de rodillas

Esta es la lesión más segura de todo el rubro, y es la única que no vas a poder señalar en ningún parte de accidente, porque no pasa un día: pasa en diez años.

Un piso radiante se tiende de rodillas. El caño se desenrolla, se posiciona y se fija sobre el panel, metro a metro, avanzando por el ambiente. En una casa entera son horas, y son horas en la misma posición, con las rodillas apoyadas sobre panel o sobre contrapiso.

Instalador arrodillado sobre el panel aislante de un piso radiante, fijando con las manos el caño flexible mientras el serpentín ya tendido se pierde hacia el fondo del ambiente

Mirá dónde está apoyado el peso del cuerpo. No es una postura incómoda de un rato: es la postura de toda la tarea, y la tarea se mide en ambientes.

El serpentín que se va al fondo dice el resto. Cada vuelta que se ve ahí se fijó desde esta misma posición.

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Acá la normativa no te va a ayudar, y conviene decirlo con todas las letras: la Resolución 295/03 trata la postura arrodillada como un factor que reduce lo que podés levantar, pero no fija un límite de horas de rodillas, porque no está escrita pensando en esta tarea. Esto es criterio, y el criterio es tuyo:

  • Rodilleras, y de las que no se corren solas. Es la inversión más barata de todo tu equipo y la que más años te devuelve.
  • Cortar el circuito en tramos. No es más lento tenderlo en cuatro etapas con otra tarea en el medio; es exactamente lo mismo de lento, con la diferencia de que a los cincuenta años seguís pudiendo arrodillarte.
  • Alternar rodillas y cuclillas en vez de sostener una sola postura.

Y el reverso de la misma moneda es el caño que va por arriba: colgado del techo, con los brazos por encima del hombro. La norma nombra esa altura para el levantamiento; para el trabajo sostenido no dice nada, y el hombro se gasta igual. Si el tramo es largo, se resuelve con andamio o con caballete, no con la punta de los dedos y el cuello estirado.

5. La termofusora: doscientos sesenta grados que no se ven

De todo lo que hay en tu caja, esto es lo único que quema.

La termofusión de polipropileno —H3 de Saladillo, Dema, Polimex— une el caño y el accesorio calentando ambos contra una matriz a unos 260 °C, con tiempos que van de pocos segundos a un minuto según el diámetro. A esa temperatura la unión es molecular y el caño queda continuo, que es exactamente lo que la hace buena.

Y también lo que la hace peligrosa de una manera particular: el metal caliente no cambia de color. Una matriz a 260 grados se ve igual que una matriz fría. No hay señal visual, no hay ruido, no hay olor. La única información que te llega es el dolor, y llega tarde.

Lo que se desprende:

  • Un lugar fijo para apoyarla, y siempre el mismo. Despejado, estable, lejos del borde y lejos de donde vas a poner la mano sin mirar. La termofusora apoyada sobre el rollo de caño o sobre la tabla de trabajo es la quemadura de la semana que viene.
  • Guante de calor y manga larga mientras se termofusiona, aunque haga calor. Es el momento en que la regla de la manga se invierte.
  • Enfriamiento: la matriz sigue caliente mucho después de que apagaste la máquina, y esa es la quemadura clásica — la de cuando ya terminaste.

6. La herramienta eléctrica

La amoladora abriendo canaleta y la agujereadora en la pared son las dos herramientas que más usás y las dos que más lastiman.

El artículo 208 del Decreto 911/96 es sorprendentemente concreto. Exige que las herramientas eléctricas, sus cables y accesorios tengan protección mecánica y condiciones dieléctricas adecuadas, y agrega:

Deben contar además con dispositivos que corten la alimentación en forma automática, ante el cese de la acción del operador.

Es decir: cuando soltás, se apaga. Que es la manera formal de decir dos cosas: que trabar el gatillo con precinto, cinta o alambre está prohibido por escrito, y —lo que importa más seguido— que una máquina cuyo gatillo quedó duro o no vuelve solo ya no cumple con la norma y hay que sacarla de servicio. Es un desgaste que aparece de a poco y al que uno se acostumbra sin registrarlo.

Dos artículos más del mismo capítulo, cortos y de puro sentido práctico:

  • Artículo 197: las herramientas se depositan, antes y después de usarlas, en lugares asignados. No en el piso, no sobre el radiador, no en el último escalón de la escalera.
  • Artículo 198: toda falla o desperfecto que se note se comunica de inmediato, y la herramienta se saca de servicio. El cable pelado con cinta aisladora no es una reparación: es una postergación.

A eso hay que sumarle lo que la obra pone de su lado. Estás perforando pared con una máquina de 220 V, muchas veces con el piso mojado, alimentándote de una prolongación que viene de un tablero provisorio que no armaste vos. Antes de enchufar conviene saber si ese tablero tiene disyuntor diferencial y toma de tierra, porque de eso depende que un contacto sea un susto o sea otra cosa. Es una pregunta de treinta segundos y hay que hacerla el primer día, no el día que pasa algo.

Y por último, el polvo de la canaleta: abrir pared con amoladora en seco llena el ambiente de polvo mineral fino. Barbijo, y no el de tela.

7. La escalera, que es la que más lastima

Si tuviera que apostar a una sola causa de accidente en este trabajo, apostaría a la escalera. No porque sea especialmente traicionera, sino por la cantidad de veces por día que subís un minuto: el colector, el soporte de la caldera, un tramo de caño por el techo, la salida a la terraza.

Instalador parado en los últimos escalones de una escalera de tijera, con los dos brazos por encima del hombro trabajando sobre una cañería junto al techo, la escalera apoyada sobre un contrapiso irregular con escombro y un rollo de caño en el piso
Dos cosas para mirar acá, y ninguna es el que está arriba: el piso donde apoyan las patas y los dos brazos por encima del hombro. La norma se ocupa de lo primero; lo segundo es lo que a los veinte años se cobra el hombro. Imagen generada digitalmente para esta guía.

El Decreto 911/96 le dedica un capítulo entero. El artículo 214, sobre escaleras de mano, fija tres condiciones que en la práctica se cumplen poco:

a) Los espacios entre los peldaños deben ser iguales y de TREINTA CENTIMETROS (30 cm.) como máximo.

b) Toda escalera de mano de una hoja usada como medio de circulación debe sobrepasar en UN METRO (1 m.) el lugar más alto al que deba acceder […]

c) Se deben apoyar sobre un plano firme y nivelado, impidiendo que se desplacen sus puntos de apoyo superiores e inferiores mediante abrazaderas de sujeción u otro método similar.

Fijate en el punto (b), que es el que más se ignora: la escalera tiene que pasar un metro por encima de donde vas a llegar. No terminar ahí: pasarlo. Es lo que te da de dónde agarrarte en el momento exacto en que dejás de tener los dos pies en la escalera, que es el momento en que se cae la gente.

Y el (c) dice dos cosas, no una: apoyo firme y nivelado abajo, y sujeción arriba. La escalera apoyada contra la pared sin atar es la que se abre.

Para las otras dos que usás todo el tiempo:

  • Escalera de tijera (artículo 215): no más de 6 m, y con un sistema que limite la apertura y mantenga los peldaños horizontales. El limitador roto o atado con alambre es media escalera.
  • Escalera extensible (artículo 216): la superposición entre los dos tramos tiene que ser de un metro como mínimo.

Hay además un detalle del artículo 210 que casi nadie aplica: las escaleras móviles son para ascenso y descenso. No son un puesto de trabajo. Media hora parado en el tercer escalón con las dos manos ocupadas y el cuerpo torcido para llegar al caño no es usar mal la escalera: es usar la herramienta equivocada. Ahí va un caballete o un andamio.

8. La terraza y la altura

Subir aparece más seguido de lo que uno diría: el conducto, una ventilación, un tramo que cruza, la terraza donde está el tanque.

Dos artículos, y los dos sorprenden por lo bajo del umbral.

El artículo 54 define qué es trabajar con riesgo de caída:

tareas que involucren circular o trabajar a un nivel cuya diferencia de cota sea igual o mayor a DOS METROS (2 m.) con respecto del plano horizontal inferior más próximo.

Dos metros. No es el edificio ni la altura que uno imagina: es la losa de una planta baja, y es también media escalera de tijera abierta.

El artículo 112 fija el umbral del arnés:

En todo trabajo con riesgo de caída a distinto nivel será obligatorio, a partir de una diferencia de nivel de DOS CON CINCUENTA METROS (2,50 m.), el uso de cinturones de seguridad provistos de anillas por donde pasará el cabo de vida.

Y agrega tres cosas que valen tanto como el umbral: el cinturón se revisa antes de cada uso y se descarta si tiene cortes o grietas; se verifica el anclaje y su resistencia; y el cabo de vida será el más corto posible conforme a la tarea. Un cabo largo no te salva de la caída: te salva del final de la caída, que no es lo mismo cuando abajo hay cuatro metros de recorrido.

La parte difícil no es el arnés: es dónde lo atás
El artículo pide verificar el anclaje y su resistencia, y ahí es donde la norma deja de ser trámite. En una obra grande el punto de amarre está previsto. En una casa, muchas veces no hay ninguno pensado para eso, y engancharse de lo primero que se encuentra es peor que no engancharse, porque cambia una caída por una caída con algo atrás. Si no hay un punto de anclaje del que puedas responder, eso se resuelve antes de subir y no arriba.

Lo que queda

Poné en fila los ocho puntos y aparece algo que vale más que la lista.

En este trabajo hay dos clases de daño y se comportan al revés.

El primero es el accidente: la escalera, el techo, la amoladora, la quemadura. Pasa en un segundo, se ve, y todo el mundo entiende lo que pasó. Contra ese se trabaja con lo de siempre: el apoyo firme, el metro que sobresale, el gatillo sin trabar, el guante.

Y acá volvé a mirar el gráfico del principio, porque tiene una lectura más. Las tres formas que se llevan más de la mitad de todo —caerse, golpearse contra algo y hacer fuerza mal— no son las de las tareas difíciles. Nadie se cae del andamio que armó con cuidado para trabajar tres días. Se cae del banquito que arrimó para hacer una cosa rápida, y se golpea con lo que dejó en el piso porque lo iba a levantar después.

El segundo no es un accidente: son las rodillas, la espalda y el hombro. No tiene fecha, no tiene testigo y no lo cubre nadie, porque no hay un día en que haya pasado. Se paga a los veinte años, de una sola vez, y es el que decide si seguís trabajando o no.

Y hay una asimetría que conviene mirar de frente. En cada obra ponés un cuidado enorme en que la instalación no lastime a la familia que va a vivir ahí: por eso ensayás, verificás y no entregás nada trucho. Es el estándar más alto que tenés.

Lo raro es lo poco que se habla de aplicarte ese mismo estándar a vos, que sos la única parte de la instalación que no tiene repuesto.


Fuentes

Toda la normativa citada es argentina y está enlazada a su texto oficial.

  • Decreto 911/96, Reglamento de Higiene y Seguridad para la Industria de la Construcción — artículo 46 (orden y limpieza), 54 y 112 (riesgo de caída y cinturón de seguridad), 103 y 107 (vestimenta y casco), 197, 198 y 208 (herramientas), 210, 214, 215 y 216 (escaleras).
  • Resolución 295/2003, Anexo I — especificaciones técnicas sobre ergonomía y levantamiento manual de cargas.
  • Resolución SRT 51/97 — aviso de obra a la ART y Programa de Seguridad. Resolución SRT 35/98 — coordinación entre contratistas y subcontratistas. Ambas complementan al Decreto 911/96, junto con las Resoluciones SRT 231/96 (Legajo Técnico) y 319/99.
  • IRAM 3610 — calzado de seguridad: requisitos y ensayos. IRAM 3703 — calzado de seguridad para la construcción.
  • SRT — Informe provisorio de accidentabilidad laboral, enero a marzo de 2026 (elaborado en junio de 2026): cuadro 9, casos notificados según forma de ocurrencia, y cuadro 19, casos por actividad económica. De ahí salen todos los porcentajes del gráfico y los 9.053 casos de construcción del trimestre.
  • Fundación UOCRA — Consideraciones prácticas para las diferentes etapas de obra: de ahí sale el desagregado de la Construcción por forma de ocurrencia (datos SRT del año 2011). Su Departamento de Salud y Seguridad en el Trabajo publica material por etapa de obra y es la fuente específica del sector.
  • Estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo — series, anuarios e informes por rama de actividad.
  • Temperatura y tiempos de termofusión: documentación técnica de los fabricantes de tubería de polipropileno para termofusión.

Donde la normativa citada rige formalmente para el empleador y su personal, se dice en el texto. Las recomendaciones que exceden la norma están señaladas como criterio y no como obligación.

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