Hay una conversación que se repite en obra, y siempre empieza igual: la casa no calienta.
Lo que viene después casi siempre es un pedido de más. Más elementos en los radiadores, una caldera más grande, subir la temperatura de impulsión. Es lo razonable: si falta calor, se pone más calor. Y a veces es exactamente lo que hay que hacer.
Pero antes conviene mirar una cuenta que casi nadie hace, porque cambia el orden de todo lo demás.
La misma casa, dos veces
En 2020, dentro de un proyecto de cooperación entre la Unión Europea y la Secretaría de Energía de la Nación, se publicó un diagnóstico del sector residencial argentino. Adentro hay un ejercicio que vale toda la nota.
Se toma una vivienda concreta, del tipo que cualquiera reconoce: 65 m², paredes de ladrillo de 30 cm con revoque de los dos lados, techo de losa, dos puertas, cuatro ventanas —14 m² de vidrio en total— y una renovación de aire por hora, en un clima como el del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Después se la calcula dos veces. La primera, tal cual está. La segunda, con 5 cm de aislante en paredes y techo, y doble vidrio hermético en las ventanas. Nada exótico: materiales de corralón.
Los dos resultados, en metros cúbicos de gas por año:
| La misma vivienda de 65 m² | Consumo anual de gas |
|---|---|
| Sin aislación, con ventanas comunes | 923 m³ |
| Con 5 cm de aislante y doble vidrio | 346 m³ |
Es 2,6 veces menos, y no cambió nada de lo que se ve desde adentro: la misma casa, el mismo clima, la misma familia, la misma temperatura de confort. Lo único que cambió fue lo que separa el adentro del afuera.
Dicho de otro modo: en la casa sin aislar, más de la mitad del gas que se paga todos los inviernos no calienta a nadie. Sale por las paredes.
Por dónde se escapa
El mismo trabajo desagrega la pérdida, y ahí aparece lo interesante. Estas son las dos casas, mirando por dónde se les va el calor:
- Paredes39%
- Techo29%
- Ventanas17%
- Renovación de aire13%
- Puertas1,6%
- Renovación de aire35%
- Paredes25%
- Techo19%
- Ventanas16%
- Puertas5%
Los porcentajes son sobre el total de cada casa, que no es el mismo: el 25% de la casa aislada es mucho menos gas que el 39% de la casa sin aislar. Datos del diagnóstico del sector residencial citado al pie.
En la casa sin aislar el ranking no sorprende a nadie: paredes y techo se llevan el 68%. Dos tercios del gas se van por lo que uno toca todos los días sin pensarlo.
La columna de la derecha es la que hay que leer despacio.
El giro: cuando la casa se aísla, el enemigo cambia de nombre
Mirá qué pasó con la renovación de aire. En la casa sin aislar era el 13%: un problema menor, casi despreciable al lado de las paredes. En la casa aislada pasó a ser el 35%: el primer puesto.
No es que empiece a entrar más aire —es la misma casa, con la misma renovación por hora—. Lo que pasó es que se taparon las otras vías, y la que quedó abierta pasó a ser la principal. Aislar no elimina la pérdida: la muda de lugar.
Y esto tiene una consecuencia práctica que se ve poco. En una casa vieja y permeable, el aire que se cuela por las rendijas era una porción chica del problema. En una casa bien aislada, ese mismo aire se vuelve el factor dominante del consumo. Por eso las viviendas que se aíslan en serio terminan necesitando resolver la ventilación de manera deliberada: no alcanza con tapar, hay que decidir por dónde entra el aire y qué se hace con el calor que se va con el que sale. Los equipos que recuperan ese calor —intercambian temperatura entre el aire que sale y el que entra, sin mezclarlos— llegan a recuperar el 80%, y en el mercado local se conseguían entre 600 y 1.000 dólares.
Ahí está el error clásico de la casa “bien sellada”: tapar todo, incluidas las rejillas de ventilación. Esa es exactamente la maniobra que llena una casa de monóxido, y ya le dedicamos una nota entera. Aislar es reducir la pérdida por la envolvente. Sellar la ventilación es otra cosa, y es peligrosa.
La lista tiene ochenta años
Lo curioso es que nada de esto es nuevo. Ni un poco.
Este afiche lo publicó la Oficina de Información de Guerra de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El argumento era el combustible: cada litro que una casa desperdiciaba era un litro que no llegaba al frente.
Y su instructivo, traducido, dice: 1) poner burletes; 2) colocar contraventanas y puertas exteriores; 3) sellar las filtraciones de aire alrededor de los marcos; 4) aislar el entretecho y los muros; 5) ahorrar carbón, petróleo y gas.
Ochenta años después, la lista de recomendaciones no cambió. Lo que cambió es que hoy podemos medir cuánto rinde cada punto.
Office of War Information, Estados Unidos, ca. 1943. Archivos Nacionales (NARA), dominio público.
Fijate el orden de esa lista, porque es el dato: los tres primeros puntos no son aislación, son estanqueidad. Burletes, contraventanas y sellado de filtraciones. Recién el cuarto habla de aislar. En 1943 no tenían con qué simular una vivienda, pero sabían por experiencia lo que el cálculo confirmó después: el aire que se cuela es un enemigo serio, y además es el más barato de combatir.
Aislar más no siempre es mejor
Acá corresponde una advertencia que casi ninguna nota sobre aislación hace, y que está publicada por investigadores argentinos.
Un trabajo del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía del CONICET simuló miles de combinaciones de aislación para distintas zonas del país. En invierno, la conclusión es la esperada: menos transmitancia, menos consumo. Pero en verano, en las zonas muy cálidas y cálidas del país, el resultado se da vuelta: con muros muy aislados, la carga para refrigeración sube entre un 28% y un 55%.
La razón es sencilla cuando se piensa: un muro muy aislado no deja entrar el calor de afuera, pero tampoco deja salir el que se genera adentro —gente, luces, cocina, sol por las ventanas—. La casa se convierte en una conservadora.
El mismo estudio aclara que con los techos pasa exactamente lo contrario: en todos los climas, siempre conviene aislarlos, y bien. El techo es la superficie que recibe el sol de lleno en verano y la que más pierde en invierno. Ahí no hay matiz.
Traducido a decisiones: el techo se aísla siempre; en los muros, la respuesta depende de la zona bioambiental y de qué estación domina el problema. En el centro y sur del país, aislar los muros rinde. En el norte cálido, la receta no se copia de un folleto europeo.
Con qué se aísla hoy
El afiche de 1943 tenía razón en el qué. En el cómo, cambió todo: hoy existen soluciones que en esa época no había, y conviene saber que existen antes de pedir un presupuesto.
Las ventanas: el vidrio es la mitad del asunto
El DVH (doble vidriado hermético) está formado por dos vidrios separados por una cámara de aire deshidratado, sellada herméticamente en todo el perímetro. No es “doble vidrio” puesto uno cerca del otro: la cámara estanca es lo que aísla, y por eso se fabrica bajo norma —la IRAM 12598-1— y no se improvisa en obra. Las cámaras habituales son de 9, 12 o 15 mm, y en las versiones mejores esa cámara se llena con argón en lugar de aire, porque conduce menos.
Pero acá viene lo que casi nadie mira al comprar: el marco pesa tanto como el vidrio. Un DVH montado en un marco de aluminio común pierde buena parte de lo que costó, porque el aluminio es un excelente conductor: el metal atraviesa el muro de lado a lado y le arma al calor una autopista para salir. Eso es un puente térmico — un punto donde el aislamiento se interrumpe y la pérdida se concentra. Las dos salidas que hay en el mercado:
- Marcos de PVC, que aíslan por naturaleza del material y son hoy la opción más difundida para vivienda.
- Aluminio con RPT (rotura de puente térmico), que intercala una barrera aislante adentro del perfil, cortando la continuidad del metal. Cuesta más que el aluminio común, y esa diferencia es exactamente lo que se paga.
Y está el vidrio bajo emisivo (Low-E), con una capa metálica microscópica que deja pasar la luz pero refleja hacia adentro el calor que quiere irse. Se combina con el DVH y no se nota a simple vista.
Los muros: por adentro o por afuera
Acá hay una decisión que cambia el resultado más de lo que parece.
Aislar por adentro es lo más barato y lo más rápido, pero deja los puentes térmicos vivos —las losas, las vigas y los encuentros siguen atravesando la aislación— y le come centímetros a cada ambiente.
Aislar por afuera es lo que se conoce como SATE o EIFS: se envuelve la casa por el exterior con placas aislantes, malla y terminación. Envuelve todo sin interrupciones, así que los puentes térmicos desaparecen, no roba superficie interior y —dato nada menor en una casa habitada— la obra se hace desde afuera, sin desarmar la vida adentro. Es más caro, y es técnicamente superior.
Para rellenar cavidades —una construcción en seco, un entrepiso, un tabique de steel frame— están la lana de vidrio o de roca, el EPS y el poliuretano proyectado, que tiene una ventaja doble: aísla y sella las filtraciones al mismo tiempo, porque se expande y toma la forma de cualquier hueco irregular.
El truco más barato del documento oficial
Cierro con dos medidas que están recomendadas en el mismo informe de la Secretaría de Energía, cuestan casi nada y suenan demasiado simples para ser ciertas.
La primera son las persianas y postigos de madera, cerrados de noche. El informe trae la medición: en una casa, la pared estaba a 18,3 °C y la superficie del vidrio, a 2,9 °C. Con la persiana de madera cerrada, ese mismo vidrio pasó a 18,7 °C. Una superficie helada de varios metros cuadrados dejó de serlo, sin comprar nada.
La segunda, para ventanas que no se abren durante el invierno: sellarlas con film de polietileno transparente y cinta de papel. El documento lo dice sin vueltas — se consigue un efecto parecido al de una ventana de doble vidrio a un costo muy bajo. No es una solución elegante ni definitiva, pero para una casa que no puede encarar una obra este invierno, es la diferencia entre hacer algo y no hacer nada.
Entonces, ¿por dónde se empieza?
Sin inventar un orden que dependa de precios que cambian todos los meses, el propio reparto de pérdidas ya sugiere una secuencia:
- Las filtraciones de aire. Burletes, sellado de marcos, una puerta que cierre, persianas cerradas de noche. Es lo más barato que existe y ataca lo que en la casa aislada será el primer puesto. ⚠ Sellar filtraciones no es tapar rejillas de ventilación: las rejillas de los artefactos a gas son obligatorias y no se tocan nunca.
- El techo. El 29% de la pérdida, la superficie más fácil de intervenir en la mayoría de las casas —lana de vidrio o de roca en el entretecho, muchas veces desde adentro y sin obra pesada— y el único elemento que conviene aislar en todo el país.
- Las ventanas. 17% en la casa del ejemplo, con solo 14 m² de vidrio; en un living moderno con paños grandes, esa proporción sube sola. Acá el salto es DVH con marco de PVC o aluminio con rotura de puente térmico — y si la obra no entra este año, persianas y film.
- Los muros. La mayor pérdida en frío (39%), pero también la intervención más cara e invasiva, y la que pide mirar la zona bioambiental antes. Si se hace, por afuera (SATE) rinde más que por adentro.
Y una aclaración de honestidad: para saber cuánto de esto se paga solo hay que hacer números con los precios de hoy, en tu zona y con tu tarifa. Esta nota no los tiene, y publicar un plazo de recupero inventado sería exactamente lo que criticamos en la nota anterior.
Lo que esto significa si sos el que instala
Acá está la parte que le toca al oficio, y no es menor.
La envolvente decide la carga térmica, y la carga térmica decide el equipo. Una casa mal aislada pierde más, y perder más significa que hay que reponer más: más emisores, y una caldera dimensionada para sostenerlos. El cliente termina pagando dos veces la misma mala construcción — una al comprar el equipo, y otra en cada factura de gas por los próximos veinte años.
Y hay un tercer costo, que se lo lleva el instalador: cuando una casa mal aislada no llega a temperatura, la culpa se la lleva la calefacción. No el techo sin aislar, ni la ventana de una hoja, ni la puerta que no cierra. La caldera. Es el equipo que se ve, el que tiene marca y el que alguien vino a instalar.
Por eso la conversación sobre aislación no es un desvío del trabajo: es parte de entregar una instalación que funcione. No hace falta convertirse en constructor para decir la frase que corresponde — este techo sin aislar te va a costar plata todos los inviernos, y me obliga a ponerte más equipo del que necesitarías. Dicho antes, es criterio profesional. Dicho después de la primera factura, suena a excusa.
Una última cifra, para dimensionar
El acondicionamiento térmico de edificios —calefacción y refrigeración de viviendas, comercios y edificios públicos— representa alrededor del 18% de toda la energía que consume la Argentina, y cerca del 9% de las emisiones de carbono del país. Dentro del sector residencial, es aproximadamente el 40% de la demanda.
No es un detalle de confort doméstico. Es uno de los usos de energía más grandes del país, y una parte importante se está yendo por paredes que no la retienen.
La caloría más barata sigue siendo la que no hace falta generar.
Fuentes
- Salvador Gil, para el proyecto “Eficiencia Energética en Argentina” (Unión Europea – Secretaría de Energía de la Nación / Fundación Bariloche, 2020). Sector Residencial: Acondicionamiento Térmico — el caso de las dos viviendas de 65 m², el reparto de pérdidas y las cifras nacionales.
- M. V. Mercado, C. Filippín y G. Barea (INAHE-CONICET / Universidad Nacional de Cuyo). Influencia de la aislación térmica de la envolvente en el consumo energético de viviendas en la estación de verano — las 3.456 simulaciones, el aumento de carga de refrigeración con muros muy aislados y el comportamiento inverso de los techos.
- IRAM 11605 — Acondicionamiento térmico de edificios: valores máximos de transmitancia térmica admisible, en tres niveles (A, B y C) por zona bioambiental. IRAM 11900 fija el método de cálculo de la transmitancia de la envolvente, e IRAM 12598-1 la fabricación del doble vidriado hermético.
- Secretaría de Energía de la Nación. Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas — la etiqueta de eficiencia energética de viviendas, de la A a la G (Resolución N° 5/2023).
- Office of War Information (Estados Unidos), ca. 1943. Afiche “Fuel for them means less for you”, Archivos Nacionales (NARA), dominio público.

