Un club de la Patagonia, con pileta climatizada cubierta. Las paredes y los techos de todos los sectores que rodeaban la pileta estaban cargados de gotas, y en algunos lugares el agua que se desprendía del techo se juntaba en el piso hasta los tobillos.
No me llamaron para calefaccionar. Me llamaron para resolver eso.
Cuando llegué, la mitad del cuadro era previsible: alrededor de una pileta climatizada hay vapor de agua todo el día, así que era lógico que las paredes de ese sector estuvieran mojadas. Lo que no cerraba era el resto. Había una oficina mojada a treinta metros de la pileta, y otros sectores igual, con el mismo problema y sin una gota de agua a la vista que lo explicara.
Ese detalle es el que resuelve el caso, y es el mismo que se repite en las casas: el agua aparece lejos de donde se genera.
Lo primero: esa agua no entró desde afuera
Cuando una pared se moja, la primera lectura suele ser que el agua vino de algún lado. De una pérdida, de una filtración, del terreno.
En la condensación no hay tal cosa. El agua ya estaba adentro, disuelta en el aire del ambiente, y en la pared solamente se hizo visible.
El aire siempre lleva agua encima, en forma de vapor. No se ve, no moja y no pesa nada apreciable, pero está. Lo que cambia todo es esto: cuanto más caliente está el aire, más vapor puede sostener; cuanto más frío, menos. Un aire tibio carga mucha agua sin problema. El mismo aire enfriado ya no puede con toda esa carga, y la parte que le sobra deja de ser vapor y vuelve a ser agua líquida.
Eso es exactamente lo que pasa en el vaso de una bebida fría, que a los pocos minutos está mojado por fuera. Nadie piensa que el vaso pierde. El aire de la habitación tocó una superficie fría, se enfrió, y el agua que ya no pudo sostener quedó ahí depositada. Lo mismo hace el parabrisas del auto en una mañana fría.
Una pared que condensa es un vaso frío del tamaño de una habitación.
El punto de rocío
Hay una temperatura exacta a la que ocurre eso, y tiene nombre: el punto de rocío. Es la temperatura a la que el aire ya no puede seguir sosteniendo el vapor que lleva y empieza a soltarlo en forma de agua.
No es un valor fijo: depende de cuánto vapor lleve ese aire. Cuanta más humedad tiene el ambiente, más alta es la temperatura a la que empieza a condensar, y por lo tanto menos frío hace falta para que aparezcan las gotas.
La norma argentina que regula esto lo dice en una línea. La IRAM 11625 define la condensación superficial como la que se produce sobre la cara interior de un muro exterior “cuando la temperatura de dichas superficies sea igual o menor que la temperatura de rocío del aire del recinto”.
Ahí está todo el fenómeno: no hay condensación si la superficie está más caliente que el punto de rocío del aire que la toca. Con eso alcanza para diagnosticar.
Estos son los números para un ambiente a 20 °C, según cuánta humedad tenga el aire:
| Ambiente a 20 °C con una humedad relativa de… | …empieza a condensar en cualquier superficie que esté por debajo de |
|---|---|
| 40 % | 6,0 °C |
| 50 % | 9,3 °C |
| 60 % | 12,0 °C |
| 70 % | 14,4 °C |
| 80 % | 16,4 °C |
Temperaturas de rocío calculadas para 20 °C de aire interior. El método de cálculo se verificó contra el ejemplo resuelto de la propia norma IRAM 11625, que para aire a 18 °C y 63 % de humedad da un punto de rocío de 10,8 °C.
Mirá la última fila, porque es la que sorprende. Con el ambiente al 80 % de humedad, una pared a 16,4 °C ya condensa. Y una pared a 16,4 °C no está helada: al tacto está apenas fresca, y en una casa con calefacción encendida es un valor de lo más común detrás de un placard o en un rincón que no recibe calor.
Por eso el problema casi nunca se resuelve mirando el termómetro del ambiente. El termómetro mide el aire, y la condensación la deciden las superficies.
Por qué siempre aparece en los mismos lugares
Las gotas nunca salen parejas en toda la pared. Salen en los rincones, en el encuentro de la pared con el techo, detrás de los muebles arrimados, en el fondo de los placares, en los dinteles y en las jambas de las aberturas.
No es casualidad ni mala suerte: son los puntos donde la superficie está más fría. En una arista, el muro pierde calor por dos caras a la vez, así que ese metro cuadrado está siempre unos grados por debajo del resto de la pared. Y detrás de un mueble arrimado, además, el aire del ambiente no circula: no llega calor a esa superficie y queda todavía más fría.
La propia norma lo reconoce como su límite. La IRAM 11625 aclara que su verificación “no elimina totalmente el riesgo de condensación en los puntos más comprometidos, tales como las aristas interiores (piso-pared, pared-pared y pared-techo)”, y para esos casos manda a una norma aparte, la IRAM 11630.
Y en el mismo párrafo hay una frase que conviene leer despacio, porque cambia el encuadre del problema: el cumplimiento de esos valores “no tiene relación con las condiciones de confort o de economía de energía consumida, sino está relacionado con las condiciones de salubridad de los ocupantes del edificio”.
Es decir: para la norma argentina, la condensación no es un problema estético ni de gasto. Es un problema de salud. Lo que crece después en esa pared es la razón.
La Organización Mundial de la Salud le dedicó una guía entera al asunto, y su conclusión es que la exposición a edificios húmedos o con proliferación microbiana se asocia con más síntomas respiratorios, más alergias y más asma. La medida que señala como la más importante no es tratar el moho una vez que apareció: es evitar que la humedad persista sobre las superficies.
Lo que no hay es una medida del tamaño del problema acá. No existe una estadística nacional que informe cuántas viviendas argentinas tienen condensación o moho —el censo no releva esas condiciones—, aunque sí hay trabajos universitarios que lo documentan y lo miden en edificios concretos del país.
Esto no es una recomendación de buenas prácticas. La Ley 13.059 de la provincia de Buenos Aires, reglamentada por el Decreto 1030/10, exige verificar "que tanto las temperaturas superficiales como las intersticiales en los muros, techos y pisos no sean igual o inferiores en ningún caso a las correspondientes Temperaturas de Rocío", y nombra a las normas IRAM 11625 y 11630 como las de aplicación.
La ley es del año 2003 y se reglamentó en 2010, siete años después. Es información útil para el que instala: cuando en una obra nueva aparece condensación, existe un texto legal que dice que eso tenía que haberse calculado antes.
El vapor viaja, y ahí está el caso del club
Vuelvo a la oficina de los treinta metros.
Si la condensación la produce el vapor que sale de la pileta, y la oficina está a treinta metros de la pileta, hay una sola explicación posible: ese vapor llegó hasta la oficina.
Y llegó porque el sector de la pileta no estaba sellado. El acceso era una puerta doble que daba a un pasillo, casi en la entrada del club, con gente entrando y saliendo todo el día. En cada apertura se filtraba aire cargado de humedad, que después se movía por el resto del edificio y condensaba donde encontrara una superficie suficientemente fría. Que, como vimos, no hace falta que sea muy fría.
El aire cargado no se queda quieto. Sale del recinto de la pileta cada vez que la puerta se abre y sigue por donde pueda: un pasillo, una escalera, un hueco.
Donde encuentra una superficie suficientemente fría, suelta el agua. Primero las gotas, después la mancha en el rincón. Y eso puede pasar a treinta metros del único lugar del edificio donde hay agua a la vista.
Imagen generada digitalmente para esta nota.
Esa lectura tiene respaldo técnico. En el diseño de natatorios se busca que el recinto de la pileta se mantenga en ligera depresión respecto de los locales contiguos —del orden de 1 mm de columna de agua— precisamente para que el aire húmedo no migre hacia el resto del edificio.
Y acá viene lo que conviene retener, porque es lo que más se malinterpreta: el club tenía extracción de aire en el sector de la pileta. No es que nadie hubiera pensado en el problema. Lo que no había era el resultado: el aire húmedo seguía llegando al resto del edificio.
Que exista extracción no significa que el recinto quede en depresión. Puede quedar corto el caudal instalado, o puede pasar que el sector nunca llegue a comportarse como un recinto cerrado —una puerta doble que se abre cien veces por día es una apertura permanente, aunque en los planos figure como cerrada—. En ese club mi lectura fue que la extracción había quedado corta para la carga de vapor que tenía que sacar, y la puerta hacía el resto.
Y la norma también lo tiene previsto. La IRAM 11625 fija condiciones de diseño para viviendas, escuelas, comercios y oficinas, pero después aclara que hay usos que quedan afuera de esa tabla:
“Para los edificios cuyo uso no está indicado en la tabla 2, como el caso de hospitales y, especialmente, piletas climatizadas, deberán adoptarse condiciones higrotérmicas interiores a partir de un análisis de la producción interior de vapor estimado. Se considerará el valor de la tasa de renovación de aire, el que deberá ser consistente con el balance térmico y el proyecto de la instalación de calefacción.”
Traducido: en una pileta climatizada el aire y la calefacción se diseñan juntos, o no funciona ninguno de los dos.
Lo mismo pasa en una casa, a otra escala
Una vivienda no tiene pileta climatizada, pero tiene focos de vapor concentrados y permanentes: la ducha, las ollas, el lavarropas, la ropa tendida adentro, y las personas, que también aportan.
Y aportan bastante más de lo que uno diría. Un trabajo publicado en Energy and Buildings, que reunió mediciones de generación de humedad en viviendas, ubica lo que larga una persona adulta solo por respirar y transpirar entre 0,8 y 1,7 litros por día. Para una familia de cuatro que pasa la mayor parte del día adentro, son entre 3 y 7 litros de agua diarios puestos en el aire de la casa sin que nadie haya abierto una canilla todavía. Después vienen las duchas, las ollas y la ropa tendida adentro, que es la que más pesa de las tres.
Ese es el volumen que anda dando vueltas. Mientras el aire esté suficientemente tibio, lo sostiene sin que se note. Cuando toca una superficie fría, lo suelta.
El rango de 0,8 a 1,7 litros por día y por adulto proviene de mediciones publicadas en el exterior: no hay una serie argentina que mida la producción de vapor dentro de viviendas del país. El orden de magnitud vale igual, porque lo que una persona respira no depende de la frontera.
El mecanismo es idéntico. El vapor se genera en el baño y en la cocina, sale por la puerta cada vez que se abre, se distribuye por la casa y condensa en el ambiente más frío, que suele ser el dormitorio que no se usa, el que da al sur o el que tiene el placard contra la pared exterior.
Por eso el dueño de casa termina buscando el problema en la pared equivocada. La pared mojada es la que estaba fría, no la que fabricó el agua.
La norma es explícita sobre las tres condiciones que disparan el riesgo en viviendas: volumen reducido, ventilación baja, o producción de vapor por encima de lo corriente. Y da tres pautas de diseño para bajarlo: favorecer la ventilación cruzada, favorecer la extracción en baños y cocinas, y una tercera que merece su propia sección.
“Esto empezó cuando instalaron la calefacción”
Es el reclamo más común, y hay que contestarlo con precisión, porque tiene una parte de verdad y una parte que es falsa, y no son la misma.
La parte de verdad tiene nombre y apellido. La tercera pauta de la IRAM 11625 dice: no instalar calefactores de gas sin tiraje exterior. Un artefacto sin conducto de evacuación quema el gas y devuelve todo al ambiente, y entre los productos de esa combustión hay vapor de agua en cantidad. Un equipo así fabrica humedad mientras calienta, además de todo lo demás que descarga adentro de la casa —que es un tema más grave y que tratamos aparte en la nota sobre monóxido de carbono.
La parte falsa es todo lo demás. Una instalación de calefacción por agua caliente no le agrega un solo gramo de agua al ambiente. El agua circula sellada adentro de la tubería y del radiador; los productos de la combustión de la caldera salen al exterior por su conducto de evacuación. Lo único que ese sistema le entrega al ambiente es calor.
Y el calor, en este problema, juega para el lado contrario: al subir la temperatura de las superficies, las aleja del punto de rocío. Una pared caliente no condensa.
Entonces, ¿por qué aparecen las gotas justo esa temporada? Porque en invierno pasan otras dos cosas al mismo tiempo: las superficies exteriores se enfrían y la casa se cierra. Menos ventilación con la misma producción de vapor adentro deja al ambiente más cargado, que es exactamente la condición que la norma señala.
La calefacción no trajo el agua. Llegó en la misma época que el frío.
Qué se hizo en el club
El problema tiene dos frentes: sacar el aire cargado de donde se genera, y levantar la temperatura de las superficies en todo el resto. El primero ya estaba puesto y no había alcanzado. El trabajo entró por el segundo.
Levantar la temperatura de una superficie es alejarla de su punto de rocío, y una superficie que está por encima del punto de rocío no condensa por más húmedo que esté el aire que la toca. Ahí entró la instalación: una caldera de 100.000 kcal/h alimentando dos tipos de emisor según el destino de cada sector. En las oficinas y los sectores administrativos, radiadores. En los pasillos que rodean la pileta y en los salones, aerotermos: un intercambiador grande alimentado con el agua de la calefacción —conexión de una pulgada— con un ventilador detrás que fuerza el aire a través de él y lo entrega caliente al ambiente. Es el equipo que se usa para calefaccionar locales de gran volumen, donde un radiador contra la pared no tendría alcance.
Lo que definió el resultado no fue el equipo, sino dónde se ubicó cada uno: se distribuyeron buscando una circulación de aire uniforme por todo el sector. Aire en movimiento y superficies más calientes, en todos los lugares donde antes había gotas.
El aire dejó de encontrar dónde soltar el agua.
Cómo se lee el problema
De todo esto queda un método corto, y sirve igual en un club que en una casa.
La mancha no es el problema, es el síntoma. Marca dónde estaba la superficie más fría, y nada más. El diagnóstico se hace en los otros dos extremos:
- Dónde se genera el vapor. Cuál es el foco, cuánto produce y cuántas horas por día.
- Por dónde circula el aire. Qué puertas conectan ese foco con el resto, cuántas veces se abren, si hay extracción, si el ambiente se ventila alguna vez.
- Por qué esa superficie está fría. Es una arista, un muro sin aislación, un sector al que nunca llega calor, un mueble que tapa la pared. Acá se cruza con otro tema, que es cuánto pierde la envolvente: eso lo tratamos en la nota sobre aislación.
Resolver uno solo de los tres deja el problema a medio arreglar. En el club se trabajó sobre los tres.
La otra condensación, la que sí es de la caldera
Conviene no mezclar dos cosas que se llaman igual.
Lo que acabamos de ver es agua del ambiente depositada sobre una superficie fría: mancha, arruina la terminación y con el tiempo trae hongos.
Hay otra condensación, que ocurre adentro de las calderas de condensación y que responde exactamente al mismo principio físico —vapor que toca una superficie por debajo de su punto de rocío—, pero lo que condensa ahí no es lo mismo. Esas gotas vienen cargadas con los productos de la combustión y salen ácidas. No manchan: corroen. Y tienen un destino que hay que decidir, porque ninguna norma argentina lo fija.
De eso trata la guía Adónde va el condensado.
Fuentes
- IRAM 11625 — Aislamiento térmico de edificios. Verificación del riesgo de condensación del vapor de agua superficial e intersticial en paños centrales. Apartados 3.3, 5.2.2.1, 5.2.2.2 (nota 4), capítulo 6 y anexo A (A.1.3 y A.1.4).
- IRAM 11630 — Aislamiento térmico de edificios. Verificación del riesgo de condensación intersticial y superficial en puntos singulares.
- Provincia de Buenos Aires, Ley 13.059 — Acondicionamiento térmico en la construcción de edificios de uso humano. normas.gba.gob.ar
- Provincia de Buenos Aires, Decreto 1030/2010, reglamentario de la Ley 13.059. Anexo I, puntos 1.6, 1.7 y 2.4. normas.gba.gob.ar
- Organización Mundial de la Salud — WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould, 2009. who.int
- Producción de humedad de los ocupantes — Measurements of moisture production caused by various sources, Energy and Buildings, 2016. sciencedirect.com
- J. M. Evans y S. de Schiller (UBA) — trabajos sobre patologías higrotérmicas, condensación y crecimiento de hongos medidos en edificios argentinos, publicados por ASADES. sedici.unlp.edu.ar
- INDEC, Censo Nacional 2022 — el relevamiento de condiciones habitacionales no incluye condensación, humedad interior ni moho.
- Criterios de presión y renovación de aire en recintos de piletas climatizadas cubiertas, según literatura técnica de climatización de natatorios.
- El caso del club es una obra propia. Los datos de la instalación son los reales.

